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Tut-Ankh-Amon: Hablan los egiptólogos españoles

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Las calles de Luxor, hija de la Tebas que Homero bautizó como la ciudad de las cien puertas, aguardan con callada expectación las novedades que un segundo escaneado de la tumba de Tuntakamon podrían arrojar este viernes. El enésimo examen al que se someten las paredes norte y oeste de la cámara funeraria del faraón niño -tras los resultados preliminares que a mediados de este mes determinaron la existencia de «espacios vacíos» y restos orgánicos y metálicos- arranca esta tarde y se prolongará hasta entrada la noche. Fuentes del ministerio de Antigüedades egipcio han avanzado a EL MUNDO que el radar, que esta vez proporcionará datos sobre las dimensiones de las oquedades, está liderado por un experto estadounidense. La nueva información será anunciada este viernes a los pies de la tumba, en el Valle de los Reyes, aunque las autoridades locales llaman a la cautela. En mitad del furor, desatado desde que el pasado estío el arqueólogo británico Nicholas Reeves divulgara su teoría de las estancias ocultas y la posible morada de Nefertiti, los principales rostros de la Egiptología española -baqueteados en los terruños del sur de Egipto- comparten con EL MUNDO reflexiones y sensaciones.

Galán: «Es un error buscar a Nefertiti»

Galan EgiptologiaCon quince campañas horadando los confines de Luxor, José Manuel Galán reconoce que ha aprendido que «con la arqueología no se puede jugar». «Es un error buscar a Nefertiti. Lo que no se puede es adelantar acontecimientos. La investigación científica tiene su ritmos y sus pasos. Hay que tener paciencia. Si tratas de adivinar, te estrellas», explicaba a EL MUNDO el director del veterano proyecto Djehuty hace un mes durante las últimas jornadas de la temporada de excavación. Tras los primeros resultados del escaneado, Galán mantiene la palabra y cita uno de los artículos publicados en EL MUNDO con la opinión del director del Laboratorio de Arqueología Cuantitativa y Aplicaciones Informáticas de la Universidad Autónoma de Barcelona. «Insistía -detalla- en que el tipo de información que proporciona el radar es una ‘pista’, una hipótesis de trabajo. Marca por donde avanzar pero no debe usarse como base para formular una certeza, una conclusión». A juicio del egiptólogo, «en ciencia no se trata de creer o no creer. No hay actos de fe sino datos objetivos y argumentos lógicos sólidos». «Por ahora yo no veo claro ni una cosa ni otra», agrega partidario de investigar con ciertas líneas rojas. «Investigar -recalca- para saber y no para confirmar ideas más en el ámbito del deseo incontenido que en el de la reflexión sosegada». «Y si se confirma que hay una estancia, ¿qué podría haber dentro? No se sabrá hasta que no se acceda a su interior. Cualquier cosa que se diga antes es mera especulación. Es jugar al acertijo, a la lotería o como si se tratase de redactar la carta a los reyes magos. Y en ciencia no se trabaja así. Otra cosa es lo que uno pueda comentar entre amigos, pero es importante separar y distinguir los dos ámbitos, lo científico de lo simpático y atractivo». Al fin y al cabo -advierte Galán- «lo bonito de Egipto es que no necesitas la ficción. Todo es tan fantástico que no hay que exagerar».

Jiménez: » Vamos a ser testigos de un hallazgo arqueológico como pocos»

Alejandro-Jimenez-egiptoDesde 2008 la expedición que lidera Alejandro Jiménez, doctor en Historia Antigua de la Universidad de Jaén, desentraña la necrópolis de Qubbet el Hawa, encaramada en una árida colina de Asuán, a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo. Recién concluida la campaña, su director confiesa vivir «con auténtica pasión» los pormenores de la búsqueda que desde el pasado agosto, cuando Reeves publicó su teoría, ha mantenido en vilo a la Egiptología. «Vamos a ser testigos de un descubrimiento arqueológico de los que pocas veces se puede ser contemporáneo. Ahora, no me gustaría estar en el ‘pellejo’ de Reeves. Si lo haces bien, nadie te lo va a reconocer. Si te equivocas – por muy leve que sea- todo el mundo que estará observándote, te despedazará», apunta Jiménez. Y añade: «Cuando se publicó el artículo de Reeves sobre la posible existencia de un par de cámaras, fue como si se me cayera la venda de los ojos: ahora se explicaban muchas cosas, sobre todo sobre el plano ‘anómalo’ de la tumba de Tutankamon. Eso sí, desde el principio, tuve mis reservas de que fuera Nefertiti la que estuviera allí enterrada». A propósito de la reina que fijó nuestro canon de belleza faraónica, el egiptólogo admite que no hubiera sido «tan atrevido». «Estoy harto de que el azar arqueológico te cambie las expectativas, para bien -con sorpresas inesperadas- o para mal. Es cierto que en el ajuar de Tutankamon se encontraron varios objetos con el nombre de la reina egipcia, pero ello no tiene por qué ser un indicio definitivo. Aunque tiene lógica la suposición, hemos de tener en cuenta que pueden encontrarse otros personajes de la época: Meritatón o Kiya… Y ¿Por qué no otro individuo? Nadie ha mencionado a Esmenkhare, que antecedió a Tutankamon en el trono».

Martín Valentín: «Hay que tratar el tema con paciencia científica»

martin-valentin-egiptoEn las inmediaciones del sobrecogedor templo de Hatshepsut, en la orilla occidental de Luxor, Francisco Martín Valentín dirige junto a Teresa Bedman la expedición que desde 2009 ausculta la tumba del visir Amenhotep Huy, gobernador de Amenhotep III (1387-1348 a.C.). «Creo que deberíamos tratar este asunto con paciencia científica. Siempre soy muy cauto con las afirmaciones porque sabemos que la ciencia requiere comprobación», indica el egiptólogo. «Partiendo -apostilla- de la base de la situación del turismo en Egipto, comprendo que hay una necesidad de grandes noticias y Tutankamon interesa a todo el mundo». «No obstante, si alguien merece acertar en el pronóstico de que está Nefertiti o de que hay una tumba es Reeves porque ha luchado por esto toda su vida y ha sufrido mucho por ello. Es probable que haya huecos y cámaras. En el Valle conocemos otros casos paralelos de tumbas reales que tenían mayor amplitud o iban por una dirección y han variado porque los egipcios vieron que había un problema de ejecución», sugiere Martín Valentín, quien -también receloso del hallazgo de Nefertiti- desliza varios escenarios. «Pueden ser huecos perfectamente esculpidos. Podrían ser cámaras, quizás auxiliares de las de Tutankamon. El hecho de que haya pinturas tapando la entrada no es un obstáculo. Los antiguos egipcios no preparaban las tumbas para su visita sino por motivos funerarios. Puede haber cámaras en las que se hayan depositado objetos y más tarde tapiado y pintado. Que esas cámaras pertenezcan a otros personajes distintos a Tutankamon también es posible pero encuentro más dificultades por la estructura y la presunta identidad de las personas que estuvieran allí enterradas».

Myriam Seco: «No se pueden programar los descubrimientos»

myriam-seco-egiptologaSobre la sevillana Myriam Seco descansa desde 2008 la tarea titánica de recuperar en Luxor el templo funerario de Tutmosis III (1.490/68-1436 a.C.), el faraón más grande de todos los tiempos. «Todos los egiptólogos estamos entusiasmados pero no me parece bien especular tanto cuando lo que hay que hacer es esperar los resultados del nuevo escaneado», replica la arqueóloga, quien subraya el «hecho de que se trate de una tumba que se encontró intacta y que no fue saqueada en la antigüedad». «Si ahora se encontrara una habitación anexa a lo que ya existe sería muy interesante», comenta antes de mostrar más reticencias con la tesis de Nefertiti. «Eso es una hipótesis. Reeves tiene sus motivos para plantearla pero lo que hay detrás puede ser mil cosas. No tiene por qué ser la cámara de Nefertiti», murmura curtida también en sus búsquedas. «Excavando te encuentras lo que no esperas e incluso, cuando ya crees que no hay nada, hallas algo. Es lo normal en arqueología. No se pueden programar los descubrimientos ni tenemos una cualidad especial para predecir el futuro».

Fuente: El mundo
FRANCISCO CARRIÓN
Luxor (Egipto)






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