La caza en la edad media, el noble arte de la cetrería

cetreriaLa caza estaba muy extendida entre los nobles. Era una de sus diversiones preferidas. La cinegética está muy desarrollada y en especial la cetrería. Los expertos dejaron numerosos textos en los que se daba cuenta de los pasos a seguir para hacerse con un halcón obediente y mortal.

En primer lugar, el cetrero debía hacerse con una cría joven o recién nacida, pues esta era la mejor forma para que una doma fuera efectiva.

En segundo lugar, el cazador debe acostumbrar al halcón a su presencia. Lo mejor era que él mismo lo alimentara y lo dejará reposar sobre su brazo, eso sí, convenientemente forrado con cuero.

Una vez terminada la doma, había que enseñar a cazar al halcón. Para eso había que sujetar un largo cordel a una de sus patas y poner además una campanilla que permitiese conocer el cazador, en todo momento, la ubicación del pájaro. También había que enseñarle a volar en círculos. Es el animal respondía se premiará con carne, pero no en demasía, no fuera que la halcón se acostumbra a comer sin esfuerzo y serenas a trabajar. Una vez finalizado este largo aprendizaje, el depredador que estaba listo para cazar.

El camino hacia la caballería

El camino hacia la caballería. Los hijos de los nobles comenzaban su carrera como caballeros a los seis años, momento en el que eran enviados a servir en el castillo de gran señor feudal. Por delante esperaban 10 años de duro aprendizaje.

La primera condición para ser armado caballero era haber nacido noble. Desde pequeño -con apenas seis años -el niño cambiado a Castillo para servir como paje. En este puesto vendía las virtudes de la obediencia, del respeto de la cortesía. Pasaba su infancia entregado estas labores hasta que llegaba su mocedad -más o menos coincidiendo con la puerta -, momento en el que un caballero tomaba su cargo como escudero.

Era éste un paso importante en su formación como futuro caballero. De la mano de su mentor, aprendía (vistiendo ley sirviéndole) el funcionamiento y el manejo teórico de las armas, así como significado simbólico de vestir la armadura. Pasados unos tres o cuatro años hacia los 18, el joven escudero abandonaba al mentor y se prepara para recibir la instrucción militar pertinente para ser armado caballero.

En el campo de práctica se llevaban a cabo los ejercicios y combates simulados. El aspirante debía aprender a manejar la espada. Para ello se enfrentaba sus iguales con las armas de madera. A medida que avanzaba en las clases de Lima, el peso de la espada se irá incrementando hasta alcanzar el de un mandoble real. También es importante saber dominar a la perfección el caballo. Los ejercicios de montar a largos. Había que acostumbran animar a las posibles distracciones, ruidos y sustos que puedan producirse el campo de batalla. Para ello se procedía a soliviantarlo con el tañido de diversos instrumentos de percusión. El jinete debía aprender a calmar y conseguir que el animal obedeciera a la perfección. La aprendiz también debía acostumbrarse cabalgar de dominar su montura con una sola mano, pues tenía que dejar libre para empuñar sus armas. Cabalgar y manejar certeramente un arancel de su secreto, el del equilibrio, que siga ganando a base de repetir, una y otra vez y hasta la saciedad, interminables carreras y numerosas embestidas sobre blancos móviles.

Caballero medieval velando sus armas. "La vigilia" 1884
Caballero medieval velando sus armas. «La vigilia» 1884

El momento de su investidura en el más esperado por aspirante a caballero. La ceremonia solemne comenzaba la noche de la víspera, que el postulante pasaba rezando la capilla de la fortaleza. Es justo de este momento que en el acervo popular quedó la expresión «pasar la noche en vela», ya que el aspirante a caballero pasaba la noche en una habitación junto a una sola vela. De ahí tambien la expresión de «velar las armas». Al alba, los sirvientes le bañaban, cubrían de aceites y vestían con la túnica blanca, de manera que su pureza interior queda se manifiesta en su presencia y atuendo.

Por la mañana, pero su aparición en el gran salón del señor. Allí están presentes todos los cortesanos, testigos del ritual.

Seguidamente, se procedía vestida candidato con los ropajes de batalla. En primer lugar, se ataviaba con unas prendas acolchadas -gorro incluido -que servían para soportar tanto los golpes enemigos como el peso de la propia armadura. A continuación, se cubría la totalidad de su cuerpo una cota de malla. Se trataba de una tela metálica fabricada con pequeños anillos tejidos entre sí. La parte superior, con capucha, se introducía como mujer señalada y las terneras, como un pantalón. Después se colocaba la coraza férrea sobre el pecho, las obreras, las terneras, las carpas, los montajes y los antebrazos metálicos que protegían al resto de las extremidades y que posteriormente, serían cubiertas por una túnica. Finalmente se entregaban al aspirante sus armas: escudo, casco, espada y lanza estilo ya, el otrora escuderos arrodillaba ante señor feudal que con su espada y proclamando juramento le investigue caballero y así ponía fin un aprendizaje de más de 10 años.

La prueba histórica de Arturo

«Arturo, ha hecho esto”

Así de rotundo dice la supuesta prueba histórica de Arturo. Como el chiquillo que inmortaliza su nombre en el tronco de un árbol, sabedor de lo indeleble de su acto, el rey Arturo nos legó una lápida con una inscripción que presuntamente escribió de su puño y letra.

Chris-Morris-Artognou
Profesor Chris Morris y la inscripcion de Artognou.

Al menos eso defiende un grupo de arqueólogos que descubrió en 1998 un pedazo de pizarra de 1400 años de antigüedad con la descripción que titula este texto. Tan maravilloso hallazgo tuvo lugar cerca del castillo de Tintagel en Cornawall, en el país de Gales, de corte y morada del rey Arturo en lo que bien pudo ser Camelot. Éste conjunto de factores daría veracidad a la leyenda -agigantada por el fin de la literatura -y aportaría concreciones reales sobre su debatida existencia. La inscripción en cuestión reza «Pater Coliavi ficit Artougnou”, latinajo que que se traduce como «Artougnou, padre de un descendiente de Coll, ha hecho esto”

Artougnou es la versión latina de Arhnou y de ahí a Arthur o Arturo la grafía da un simple paso. Una de las novedades radica en que es la primera inscripción laica de la edad media hallada en el Reino Unido. Esto hay que unir que la zona ya fue investigada y que los estudios se abandonaron por infructuosos en 1930, la dicha de los arqueólogos estaba más que justificada, aunque pidieron cautela ante tamaño tesoro. Las letras de la lápida no fueron inscritas con trazo firme pero lo contundente de su sentido, reclamando autoría, constituye el testamento de alguien que escribe para el futuro. Quizá para acallar las reclamaciones de «patria artúrica» que reivindican casi todas las colinas desde Escocia hasta sur de Inglaterra.