El reino olvidado de Ankor Wat

Después de varias semanas abriéndose paso entre la impenetrable maleza de la selva camboyana, luchando contra plagas de mosquitos, serpientes, tigres y otras adversidades inenarrables, el naturalista francés Henri Mouhot, que andaba perdido en busca de nuevos insectos para clasificar, levantó su vista ante lo que sería uno de los mayores descubrimientos de la arqueología, se encontró con un espectáculo imponente y maravilloso, engullido literalmente por la selva tropical permanecía oculto y olvidado de la memoria colectiva, el mayor conjunto arquitectónico religioso del mundo, un lugar creado por el hombre hacía más de 1000 años, Angkor, la «Ciudad Sagrada» de los khemeres, al norte de la actual Camboya, era el año 1860.

Henri Mouhot
Henri Mouhot

Según nos relata una leyenda, el reino de los khemeres tiene un origen divino, pues fue la unión conyugal entre un sadhu 1 y una apsara 2 lo que propicio el nacimiento de este linaje; el dios Shiva entregó al sabio asceta Khambu3 la ninfa llamada Mera con la condición de crear una civilización a partir de un linaje real que otorgara grandeza para aquellas tierras, lo que dio fruto a varios descendientes, estos últimos fueron conocidos como los «Khambuya», literalmente «los hijos de Khambu», el primer linaje sagrado de Camboya conocido como «la dinastía del Sol», que con el tiempo originó la estirpe de reyes de Angkor, posteriormente llamados Khmer.

El primogénito de Khambu y Mera, Sreshthavarman, fundó la mítica capital llamada Sresthapura cerca del sagrado rió Mekong, creando lo que sería el primer estado Hindú del Extremo Oriente conocido como «Chenla». De esta época tenemos evidencias arqueológicas de grandes canalizaciones para regular el agua del río Mekong, la capacidad de organización de aquellos primera cultura hizo crecer rápidamente una sociedad que lograría extenderse tanto como para llegar a las fronteras del reino de «Funam», un poderoso estado vecino (actual Vietnam) donde existía una cosmogonía idéntica con una misión encomendada por Shiva para crear un linaje real que gobernara aquellas tierras; la conquista del territorio del Funam propicio el intercambio cultural, comercial, político y religioso y haciendo caso de sus respectivos orígenes divinos, hacia la mitad del siglo VI las dos realezas se fundirían en un solo estado con la boda de una princesa de Chenla con un príncipe de Funam.

Como era tradición en el reino de Chenla, los soberanos de este nuevo estado eran elegidos por su capacidad de protección y de poder, por eso todos los reyes de esta cultura incluían un sufijo a su nombre –varman, cuyo significado es «el protector». Los primeros monarcas tuvieron la capital de este nuevo reino en Sambor Prey Kuk, pero no sería hasta la llegada del monarca Jayavarman I (657-681) que el núcleo de la civilización se concentraría en Angkor, antigua palabra sánscrita que significa «ciudad». Pasado un siglo, el estado nacido de los míticos reinos de Chenla y Funam sería súbdito de Java hasta, que el rey Jayavarman II (802-850) devolvió la libertad a su pueblo y fundó lo que realmente hoy conocemos como las dinastías de Angkor, no fue hasta esa época que la totalidad de los pueblos que formaban el nuevo estado aceptarían estar bajo la protección de un mismo monarca.

Los templos-montaña de la selva

Jayavarman II fue el primer soberano Khemer que empezó a darle forma al complejo sagrado de Ankor, realizó los primeros trazados y construyó la primera pirámide escalonada del complejo como un reflejo del orden del universo y de la nueva sociedad que estaba floreciendo, la sabiduría de su civilización fue esculpida en Angkor siguiendo los preceptos del «Sthapatya Veda», la Ciencia Védica para la construcción de arquitectura sagrada de acuerdo con las leyes del universo. Concebido desde el primer momento para albergar la esencia de lo divino, Ankor se fue convirtiendo en la mayor ciudad-templo del mundo, el complejo religioso más grande creado por el hombre.

Encontramos en el antiguo idioma khemer una frase significativa sobre la organización y esencia del reino, «Kamraten jagat ta rajya», el termino «jagat» se traduce como «flujo del universo» y «rajva» como «estabilidad u orden en la tierra», el concepto de esta frase a nuestro idioma sería la idea de la aplicación de las leyes universales en la tierra, un reflejo de lo divino en lo terreste, donde el soberano (Devaraja) es el garante del orden del universo aplicado en la tierra. La esencia de estas ideas y representaciones arquetípicas, encuentran el equivalente de la figura de un Rey-Dios en otras culturas como la babilónica, la egipcia o la maya, donde tenemos grandes estructuras sociales y complejos sagrados con las mismas características y finalidades, la voluntad del ser humano en pos de armonizarse con el universo y la divinidad.

A lo largo de más de setecientos años los monarcas Khemeres consiguieron mantener esa esencia y fueron ampliando la idea de Jayavarman II, la expresión de su filosofía la plasmaron en imponentes templos de piedra, enormes complejos sagrados dotados de bibliotecas de estudio donde se almacenaban los textos de Sabiduría, tratados de astronomía, de matemáticas, de ciencia y de religión, los artesanos esculpían magistralmente a los dioses, asuras y devas; siglo tras siglo los ciudadanos del Ankor se convirtieron en fuertes guerreros, en campesinos, en hábiles artesanos y comerciantes y a la vez en sacerdotes, historiadores, escritores y escultores que en lugar de escribir a pluma lo hacían a cincel en las paredes de los templos, trabajando hasta el último centímetro de piedra con algún motivo, ya sea histórico, mitológico o puramente religioso.

El complejo de Ankor tiene dos zonas destacadas, una se conoce como Ankor Thom, palabra actual del idioma khemer que quiere decir «gran», así pues significa «La gran ciudad» y el otro lugar es Ankor Wat, «La ciudad del Templo». Actualmente en Ankor sobreviven cerca de 400 templos y templetes en comparación de los más de 1000 que albergaba esculpidos en piedra arenisca rosada. Cuando centramos la atención en «La gran ciudad» (Ankor Thom) esta nos abruma con sus dimensiones, cubre un área de tres kilómetros cuadrados protegida por un muro de ocho metros de altura y un espectacular foso que rodea todo la muralla, dentro se ubican algunos de los monumentos más impresionantes de todo el recinto arqueológico. Para acceder a esta maravilla de la antigüedad hay que atravesar una de las cinco puertas de acceso de 25 metros de altura, estas llevan esculpidos los colosales rostros del Bodhisattva Lokesvara, que a la vez tienen los rasgos del monarca Jayavarman VII 4 , en la parte inferior de las puertas cabalga el dios Indra a lomos del elefante tricéfalo Airavana, vehículo celestial del dios, las trompas de los elefantes arrancan flores de loto del lecho del río, sirviendo los tallos arrancados como soporte al conjunto. Según palabras de Zhou Da-Guan, que fue funcionario de la corte imperial china a finales del s. XIII y pudo conocer al imperio khemer en todo su esplendor y que además, nos consta como el único testigo presencial de aquella época de esplendor, escribió sobre los ciclópeos muros de Ankor Thom:

«Las murallas de la ciudad miden unas cinco millas de circunferencia. Cuentan con cinco puertas, cada una con pórticos dobles… Extramuros se extiende un gran foso, sobre el cual acceden a la ciudad cinco enormes pasarelas. Jalonando estos caminos, cincuenta y cuatro divinidades que semejan pétreos señores de la guerra, enormes e imponentes…»

Zhou Da-Guan, nos contaba que «…frente a las puertas surgen pasarelas adornadas por cincuenta y cuatro dioses de dulces ojos almendrados y demonios con ojos esféricos y malévolos que sostienen poderosas serpientes nagas de múltiples cabezas…».

Ankor Thom como morada simbólica de los dioses es conocido por sus «templo-montaña» pues son una representación en piedra del monte Meru, lugar donde residen los dioses hindúes. El primero en establecer esta tradición sería Suryavarman II (1113-1150) aunque el mayor de los templos de estas características sería Ankor Wat que no se terminaría hasta la llegada de Jayavarman VII (1181-1218) que hizo posible la finalización de este inmenso templo logrando que el imperio khemer alcanzara su época dorada. Dentro de Ankor Thom encontramos uno de los templos más bellos de todo Ankor, El Bayon, el templo oficial de Jayavarman VII, según se cree, el monarca quería consagrarlo a todas las religiones de su reino: hinduismo, budismo e islamismo, religión que profesaba el recién conquistado reino de Cham, este templo es particularmente conocido porque esta coronado con cincuenta y cuatro torres y 216 rostros del Bodhisattva Lokesvara.

Ankor Wat resulta algo excepcional para cualquier construcción de cualquier época, el complejo en si mismo es un mándala de proporciones perfectas y extremadamente hermoso, se ideó puramente como morada de los dioses, un macro calendario cósmico habilitado para que residan los millones de divinidades hindúes, ni los reyes ni los habitantes del reino vivían en aquellos complejos sagrados, estos templos no eran un lugar de reunión u oración para fieles, el acceso al interior del recinto estaba prohibido a todo el mundo, únicamente los monjes encargados de los menesteres del dios, que se cuidaban de vestirlo y ungirlo cada día podían atravesar los sagrados umbrales. Su construcción no fue una tarea fácil, el monte Meru esta coronado por 5 picos y rodeado por un océano, la organización debió de ser muy compleja para poder realizar semejante proeza arquitectónica, se construyó un enorme foso-embalse de 150 metros de ancho y una muralla de más de 3,5 km de longitud, el acceso al centro del recinto se realiza a través de una calzada de piedra de 99 metros de longitud, que en si mismo ya es de extraordinaria dificultad y que nos conduce al interior donde se alzan 5 torres en forma de loto cerrado y más de 60 metros de altura, ocultando en el corazón del templo un Santo Santorum de apenas 12 m2. Tras investigaciones realizadas a principios de los años 70 se estableció que el templo, además de cumplir con su carácter espiritual, sirvió como observatorio astronómico donde el sol se alineó en sus solsticios con la entrada occidental del templo, todo el complejo está relacionado matemáticamente con observaciones astronómicas, se dice que las medidas exteriores e interiores están hechas a escala de estos parámetros y detallan de forma precisa distancias entre la tierra y algunos astros como el sol y la luna.

Nada conocemos de la desaparición del imperio Khemer y el olvido su antigua sabiduría, los hombres que leían el universo y aquellos que sabían interpretar los símbolos de las piedras se desvanecieron y la selva reclamó su lugar engullendo literalmente a los templos que tras los años fueron habitados por mojes budistas y que actualmente dan vida al lugar sagrado pero, no sería hasta bien entrado el siglo XX que se realizarían las primeras tareas de limpieza de modo sistemático, se habilitaron los enclaves más importantes para visitas turísticas y se preservaron algunos templos tal cual fueron encontrados para que ha día de hoy, podamos reflexionar sobre el gran poder de la naturaleza y los misterios que esta ha podido engullir a lo largo de miles de años.

Notas

[1] Un sadhu (Saa-dhu) es un asceta hindú o un monje.

[2] Ninfa celestial. Las apsaras surgieron de la batalla entre devas y asuras (dioses y demonios), conocida como «Batido del mar de leche» de la cual los devas obtuvieron el «elixir de la vida», de cuyo batir de las aguas nacerían las Apsaras, bellas bailarinas cósmicas que inspiran simbólicamente las actuales danzas de las bailarinas tradicionales de toda Asia oriental.

[3] Según los historiadores modernos Khambu podría haber sido un rey indio que encabezó una campaña militar hacia oriente, llegando a una zona de selva que estaba gobernada por un rey adorador de Naga. Tras vencerle se casó con su hija llamada Mera y se estableció en la zona.

[4] Jayavarman VII fue un humilde monje, que tras rehusar el trono dos veces acabaría convirtiéndose en el mayor de todos los gobernantes del imperio khemer.

El Catarismo y la investigación Histórica

Castillo Montsegur
Montsegur cátaros
Montsegur cátaros

A día de hoy, las investigaciones referentes al Catarismo tienden a inclinarse hacia dos ideas que se disputan la razón, la primera, que durante muchos años ha sido la que más peso ha tenido, nos hace referencia a través del maniqueísmo, de una raíz oriental que subyace en esa Religión, la segunda, una nueva idea que la enlazaría directamente con el cristianismo primitivo; a todo esto encontramos cientos de libros que tratan de hondar sus investigaciones sobre un Catarismo dualista, siempre aceptando unas raíces hindúes o gnósticas, esta serie de artículos, lejos de acercarse o alejarse de una idea o de otra, pretenden demostrar que las dos tienen razón y que la esencia o raíz del cristianismo cátaro tomó como modelos otras tradiciones más antiguas, bebiendo de unas y de otras logró difundirlas en un lugar muy concreto y de una forma adecuada para la mentalidad de una época muy especifica, la Europa medieval de los siglos X, XI y XII.

Cruz cátaros
Cruz Occitana mal llamada Cruz de los cátaros

Para acercarnos al inicio de esta creencia, debemos hacer referencia a la etimología de varios términos y aclarar algunos conceptos, que debido a nuestro sistema de pensamiento occidental podrían estar influenciados erróneamente y para ello debemos tomar conciencia de su verdadero sentido para hacer un esfuerzo e intentar penetrar en lo posible dentro de las mentes de los habitantes de esos siglos y lo que significaban tales conceptos para ellos que, como veremos en artículos posteriores, tomaran otro sentido al ir comprendiendo la sociedad en la que vivían, como eran los hombres y mujeres de esos años.
mensajes del agua

La primera palabra obligada que hay que hacer referencia es «Religión», que corresponde a la etimología latina «re-ligare», volver a ligar, atar, unir de nuevo aquello que se ha des-unido; esta «unión de lo que se ha separado» es la del espíritu humano con el Espíritu Divino, es decir, Dios. [pullquote]La primera palabra obligada que hay que hacer referencia es «Religión», que corresponde a la etimología latina «re-ligare», volver a ligar, atar, unir de nuevo aquello que se ha des-unido; esta «unión de lo que se ha separado» es la del espíritu humano con el Espíritu Divino, es decir, Dios. [/pullquote]Cada cultura ha llamado a Dios de diferente forma, pero la esencia de cualquier Religión de épocas pasadas, presentes o futuras es y será la de «volver a unir al Hombre con Dios». Esto podría decirse que puede cumplirse mediante dos caminos, la plena dedicación a esta búsqueda mediante lo que son los sacerdocios, o mediante una serie de conductas y pautas, menos estrictas y que son las que generalmente acepta la sociedad o simples creyentes: actúa con bondad, piensa bien y acuérdate de Dios mediante oraciones y rezos.

El sacerdocio por lo contrario, lleva explicito la unión de una ética y una estética, significa entregar tu vida a esa unión, estar inmerso en esa búsqueda, y eso se convierte en un oficio sagrado, un «Sacro oficio», etimología de donde derivan las palabras sacerdocio, sacerdote y el «sacrificio» que conlleva ese compromiso místico.

El camino a seguir para lograr esa unión varia, es decir, cada Religión desarrolla un método, un sistema en concordancia con el lugar y la época donde aflora, y ese sistema debido a la búsqueda de esa unión con ese ser Divino y único, conlleva implícita una interpretación del Mundo, un método de pensamiento que dirija al hombre al conocimiento de la Verdad y hacia esa Unión mística, eso que implica que uno o más pensadores, filósofos, místicos, etc. han recorrido antes que nadie esa vía que lleva hacia lo divino y que encontrándolo válido para la época y el lugar siente el impulso de transmitirlo, para ello se conjugan dos circunstancias muy claras y que se nos desvela en esta frase tan lógica: «Si hay enseñanza, es que hay un Maestro que la transmite ha alguien dispuesto a aprenderla», ejemplos de esto son Jesús y sus primeros discípulos, Sidharta Gautama (Buda), Moises, Mahoma…

La transmisión de las enseñanzas Maestro-discípulo conlleva la creación de un orden jerárquico, que uno enseñe y otro aprenda establece una jerarquía, que etimológicamente significa, «escalera sagrada», es una forma de crear un camino de tránsito, en ambos sentidos, entre dos puntos y que debido a su condición uno está más elevado que el otro; para la religión, esa jerarquía establece que Dios está arriba y los hombres están debajo de la escalera y este último debe subir esos peldaños para poder acercarse cada vez más a la Divinidad. [pullquote]…todas las empresas, organizaciones, gobiernos y países actuales, están formadas por una jerarquía, una estructura piramidal, que une el punto más alto, con la figura del «líder» a través de unos vértices hasta «la base», que es representada por la sociedad y, tengan el tipo de gobierno que tengan aceptan plenamente la validez de la etimología «escalera sagrada».[/pullquote] Quizás los primeros indicios de los que tenemos constancia donde se aplicó este concepto a lo que podríamos llamar una país, estado, o sociedad, son las antiguas civilizaciones de las que tenemos constancia, donde el gobierno del Estado y la Religión tenían un mismo líder, eran lo que conocemos como «Estados o gobiernos iniciáticos», el ejemplo perfecto de una sociedad iniciática fueron los egipcios y evidencias de ello son las increíbles estructuras piramidales que encontramos repartidas por todo lo largo de su territorio en una eterna alusión en piedra a este significado sagrado y ahora debemos recordar que nuestras sociedades actuales y todas las estructuras sociales que las forman, aunque actualmente existe una ruptura entre Estado y Religión, todas las empresas, organizaciones, gobiernos y países actuales, están formadas por una jerarquía, una estructura piramidal, que une el punto más alto, con la figura del «líder» a través de unos vértices hasta «la base», que es representada por la sociedad y, tengan el tipo de gobierno que tengan aceptan plenamente la validez de la etimología «escalera sagrada» como la única viable para poder vivir en una sociedad en armonía, por el simple hecho que es esa la forma en que el hombre a observado que la Naturaleza se manifiesta a nuestro alrededor, hasta ahí todas aceptan la jerarquía como único método valido para el desarrollo y convivencia del ser humano pero, según las condiciones que se den, el lugar, la época, el tipo de gobierno que exista, la visión de lo que debe ser la «Armonía con nuestro entorno» varía y el mundo es observado de una forma u de otra, el método religioso que se establece, si es que se establece alguno, tiene la misma esencia que todos los demás métodos, la unión mística con ese ser divino, pero donde el ser humano encuentra su gran enemigo, no es en la Religión donde muchos pretender culparla de muchos de los desastres que han ocurrido en el mundo, no se puede culpar a la religión, pues es un concepto que únicamente nos establece un fin, sino a la interpretación que el hombre hace de ella y la forma en que la aplica a la sociedad, la esencia de la religión no se cree superior a nadie ni a nada, es el ser humano quien se cree capaz, en nombre de su Religión de pretender erradicar otras creencias, convirtiéndonos así en los verdaderos causante de todo lo que acontece.

Como ha sucedido constantemente en la historia, en los momentos de mayor libertad social y en los lugares donde distintas naciones y credos del mundo se unen por cualquier motivo, ya sea por el comercio, el saber, la ciencia, el arte, la política etc. el paso del tiempo se encarga de hacer surgir nuevas ideas o cuestiones reformadoras que ponen en crisis la autoridad gobernante o religiosa del momento, el intercambio de conocimiento entre culturas y sociedades trae consigo nuevos hábitos y conductas sociales, «lo extraño deja de serlo si se conoce», la convivencia entre culturas conlleva a una forzada comparación de comportamientos y de creencias, surge un acercamiento sino más, hacia aquello que hasta el momento era desconocido y que modifica parcialmente las sociedades implicadas como bien podemos comprobar en nuestra sociedad actual del siglo XXI con todas las filosofías y religiones orientales que llegan a nuestras ciudades impulsados por un interesado intercambio comercial, encontramos a millones de occidentales practicando «espiritualidad» en distintos cursos de yoga, centros budistas, cursos de Feng-Shui… en nuestras ciudades tenemos un fenómeno reciente como son las mezquitas que utilizan los musulmanes, en nuestras librerías tenemos cientos de libros de consulta referentes a todas las tradiciones, filosofías y religiones del mundo, etc. Comparando la historia encontramos momentos similares al actual, si no son iguales en su forma si se acercan en su esencia, ejemplos de esto los tenemos en la reformada sociedad egipcia de la época Alejandrina , en el «Renacimiento florentino» o como podremos comprobar, la sociedad Occitana de los s XI, XII y XII, movimientos todos ellos abortados por la Iglesia de Roma en un intento de continuar con su supremacía sobre todas las instituciones o creencias de Occidente y que utilizó todos los medios a su alcance para combatirlos, tanto divinos como humanos.

Entrados en el s.XXI, en plena era de la información y la comunicación, poco puede hacer la Iglesia de Roma y el poder de «La Congregación para la Doctrina de la Fe», institución que originalmente fue llamada «Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición» o más conocida como «La Santa Inquisición», creada para «defender a la Iglesia de las herejías»; para impedir la difusión e implantación de las distintas creencias, filosofías y religiones que llegan a Occidente. Amparándose en el único evangelio de Juan que la Iglesia considera verdadero, sigue considerándolas a todas ellas como falsas, erróneas o simplemente no validas por los nuevos sucesores de la Inquisición, que bajo un nuevo nombre están encargados (sin las formas drásticas que utilizaba su antecesora) de «difundir la sólida doctrina y defender aquellos puntos de la tradición cristiana que parecen estar en peligro, como consecuencia de doctrinas nuevas no aceptables».

[pullquote]La mirada del historiador/investigador debe ser neutral, no debe emplearse para santificar, para martificar a las victimas o escandalizarse por las atrocidades del pasado, sino para intentar establecer un nexo de unión entre el pasado y el presente.[/pullquote]Hoy en día, en el terreno del Catarismo, la investigación puede apoyarse sobre una cantidad y calidad de materiales muy superiores a los que se disponía hasta la mitad del siglo pasado, hasta entonces no se hacía más que repetir lo dicho por los vencedores. Los descubrimientos de los únicos documentos de origen auténticamente cátaros (dos tratados y tres rituales) y la atención que se le presta al estudio de los lugares donde vivieron, nos dan una nueva orientación sobre esta visión del cristianismo. La mirada del historiador/investigador debe ser neutral, no debe emplearse para santificar, para martificar a las victimas o escandalizarse por las atrocidades del pasado, sino para intentar establecer un nexo de unión entre el pasado y el presente, entre ellos y nosotros, para poder ir acercándonos más a la Verdad, conocer quienes eran, como pensaban, como vivían y por que lo hacían de un modo y no de otro. ¿Por qué?, se preguntaran muchos, pues por que como dice la sabiduría popular «quienes no aprendan de los errores cometidos en el pasado están condenados a repetirlos en un futuro».

Uno de los hechos que nos sorprende más cuando se habla de los Cátaros, es al conocer, que aquella gente, acusados a miles de herejía por la Iglesia de Roma y sentenciados a muerte por su forma de pensar, entraban por su propio pie y cantando a las hogueras que les habrían de purificar. Hay que estar loco o, firmemente convencido y entregado a un Ideal, para preferir la muerte antes que seguir viviendo, esto sin embargo, no nos dice nada en cuanto al Ideal, pues la historia nos ha demostrado que, el hecho de luchar o morir por una Ideal no significa nada en cuanto a la razón, causa o verdad que pueda encerrar, ese juicio sólo puede establecerlo el tiempo, pero en cambio y aun con la lejanía histórica que ello supone, si podemos esbozar o intentar definir la personalidad de la sociedad o de la gente que fueron capaces de dar su vida por defender unas ideas que vivían según ellas y consideran acertadas.

Pero un Ideal no es nada sin un idealista, no existe sin espíritu de entrega y sacrificio de las personas que creen en él, sería como una semilla que cae en tierra estéril y nunca da su fruto; lo que hace grande y posible un Ideal son las personas, el Amor que se siente por esas ideas, la dedicación por la construcción de algo que se cree que es positivo, el esfuerzo y las horas dedicadas a él es lo que lo hacen propio, el convencimiento de poder cambiar las cosas que no nos gustan, la constante y plena dedicación del individuo, el altruismo suficiente como para no esperar el fruto, saber que lo que se hace no es en beneficio propio sino, como un bien común para los que están o para los que vendrán, eso es lo único que va hacer realidad un Ideal.

Nuestros países y sociedades, con sus cosas buenas y sus cosas malas, son como son por que nosotros los hemos hecho así, y no hay agradecer o culpar a nadie ni a nada excepto a nosotros mismos, podrían ser mejor, más justas, más honradas, seguramente si, podrían serlo pero, es con nuestro esfuerzo o con nuestro pasotismo, con nuestro conocimiento o con nuestra ignorancia que las creamos, únicamente se debe a nosotros, las sociedades no están hechas, nosotros las hacemos como son.

Los primeros impulsores de lo que hoy en día conocemos como Catarismo conocían esto y quisieron modelar con plena consciencia la sociedad de su tiempo, difundieron sus enseñanzas a los demás, se pusieron a predicar de forma abierta por todo un territorio, no sólo de palabra o de forma teológica, sino con el ejemplo, con hechos, con intención de demostrar que aquello en lo que creían era realmente bueno, para el presente y para un futuro, acercándose a las personas que viven las realidades cotidianas.

La Iglesia de Roma y los 56 Papas comprendidos en los tres siglos que tardaron en concluir de forma violenta la herejía cátara, se encargaron de que la visión histórica que debía prevalecer y que se debería tener sobre la religión y filosofía del Catarismo fuera únicamente la que escribían los autores pertenecientes al bando vencedor, especialmente por los teólogos católicos de Roma, siempre basándose en los documentos inquisitoriales de los juicios contrarios a ellos, como las sumas teológicas que los dominicos del siglo XIII habían redactado para erradicar aquella «peste» que se extendía sin tregua por tierras Occitanas.

El papel que durante los siglos XI, XII y XIII representaban los cátaros, era el que ocupaba la Iglesia de Roma en los primeros tres siglos del cristianismo, quienes también recibieron persecución y horribles muertes por predicar sus creencias, pero si tenemos en cuenta los hechos que se tratan a continuación, la Iglesia de Roma no aprendió del pasado y repitió los mismos errores cometidos, paso de victima a juez y verdugo.

Actualmente la historia, después de más de 750 años, nos permite devolverles a su verdadero contexto dentro de la cultura cristiana de la Edad Media, para así poder conocer las experiencias vitales y religiosas de los «bons homes», los Perfectos, los creyentes y sus familias, en realidad un pueblo de creencias cristianas bastante normal.

La investigación histórica, tras una revisión, despoja la silueta de esta herejía medieval del ropaje de la mentira y los extraños mitos que la cubrían y deformaban, le devuelve su idea reformista en el seno de un cristianismo medieval en decadencia.

Conocidos como Albigenses, Apóstoles de Satán o pobres de Cristo, los Cátaros o como ellos preferían llamarse «verdaderos cristianos», nos legaron un testimonio inquebrantable de la fe que tenían en sus creencias, y esta fe nos obliga a mostrar todo nuestro respeto para poder encontrarles su verdadero lugar en la historia.

La cruzada contra los cátaros y la conquista de Occitánia

Castillo de Queribus
Montsegur cátaros
Castillo de Montsegur

Para poder comprender qué sucedió en el siglo XIII en el sur de Francia, deberemos hacernos eco de los acontecimientos anteriores al año 1209, como consecuencia de los cuales estalló por entero el país de Oc en lo que conocemos como «La cruzada contra los cátaros». En 1207, Raymond VI (1156-1222), conde de Tolosa, uno de los principales señores occitanos, casado con Leonor, hermana del Rey Pere I de Cataluña y II de Aragón, había sido excomulgado por el Papa Inocencio III por su negativa a combatir la herejía que recorría sus tierras. Aunque nunca renunció a su fe católica, toleraba y simpatizaba con aquellos «hombres buenos» de su condado, al igual que lo hacían sus súbditos, con total indiferencia entre los que eran cátaros y los que no lo eran.

Todo se detonó el 15 de enero de 1208. En una posada cerca de un pueblo llamado Saint Gilles du Gard, el legado papal Pierre de Castelnau se disponía a continuar su viaje tras el fracaso del encuentro que el día antes había tenido con Raymond VI. El conde quería que se le levantase la excomulgación, mientras el legado insistía en su obligación de combatir la herejía, ya que se encontraba en sus tierras y en las de su linaje más arraigada que en cualquier otro lugar. Como ya había sucedido en encuentros anteriores, no se pusieron de acuerdo, por lo que la reunión terminó con un aviso por parte del conde al religioso: «Andad con cuidado. Por allí dónde estéis, no os perderé de vista». Aquella mañana, Pierre de Castelnau y su séquito se disponía a tomar una barcaza y cruzar el Ródano. De repente, unos caballeros impiden el paso de los religiosos, entablando una fuerte discusión. Uno de ellos dispone su lanza en posición horizontal y asesta un golpe mortal al legado papal, hiriéndole de muerte; fallecería aquella tarde desangrado por tan terrible herida. Esta acto supuso un grave error por parte de los Tolosanos, que quedarían condenados para siempre. Fue de tal magnitud el acontecimiento, que instaría, a los pocos días, el repulso total de la Iglesia católica y, por tanto, la determinación de actuar por cuenta propia contra aquella herejía y los señores occitanos que la defendían.

Felipe Augusto, rey de Francia, cuyo reino estaba pasando un mal momento en aquella época, se lavó las manos y no dictó ninguna orden contra lo dictado por el Papa, como había hecho ya en anteriores ocasiones. Dejó que los caballeros de su reino que así lo desearan, combatiesen en aquella santa cruzada convocada por el Papa Inocencio III. Al rey le interesaba que algunos de sus caballeros conquistasen tierras, pues eso representaba un ensanchamiento de su reino y un mayor acercamiento a la Iglesia,dando a la cruzada, la primera en tierras cristianas, un cariz político además de religioso. Las condiciones dictadas por el Papa serían las mismas que en una cruzada en Tierra Santa, con la ventaja de que no había que viajar: la absolución de todos los pecados cometidos en la guerra, una permanencia mínima de 40 días y la suspensión de todas las deudas hasta su regreso.

Arnau Almeric, abad de Citeaux, nuevo legado personal del Papa e instigador constante de combatir el problema de la herejía, encabezaba la gran masa de 20.000 cruzados, más los porteadores (150.000 en total según algunos). El cronista de la época Guillermo de Tudela, que llegó a Languedoc a finales del siglo XII, nos narra en su Canción de la cruzada albiguense, cómo iban en cabeza todos los nobles y caballeros franceses seguidos por sus ejércitos; después los «ribalds», que eran mercenarios contratados y «que habían visto el cielo» por todo lo que aquello significaba, teniendo derecho de saquear todo lo que encontrasen y de sembrar el pánico; los porteadores, que eran los encargados de llevar todo el material necesario para una guerra: armaduras, armas, tiendas; y por último cocineros, picapedreros, leñadores encargados de conseguir madera para fabricar las torres de asalto, arietes, catapultas y demás instrumentos bélicos…

Raymond VI, a la vista de semejante ejército y temiendo perder su condado y su propia vida más que por el destino de los cátaros, tiene varios encuentros en Roma con Inocencio III, a fin de conseguir la paz. El Papa le pide, como muestra de su «reconciliación», la entrega de 7 castillos, además de algo mucho más humillante: el 18 de junio de 1209, en el mismo lugar donde se produjo la muerte de Castelnau, el conde Raymond VI, atado con una cuerda al cuello y desnudo hasta la cintura, fue azotado en presencia de la delegación papal, que le insultaba mientras suplicaba perdón y prometía penitencia. Con este sacrificio personal, el conde pudo evitar, momentáneamente, una matanza en sus tierras. Incluso pidió unirse al ejército como cruzado; muchos se opusieron, pero obtuvo del propio Papa el permiso para unirse a la cruzada, quien ordenó que se le respetase… de momento.

Todo estaba dispuesto para empezar a «extirpar el mal» de tierras occitanas. Aparece en escena otro gran noble occitano, Raymond Roger de Trencavel, vizconde de Carcassona, Beziers y Albi, un joven de tan sólo 24 años que, viendo el destino que iba a correr, pretendió actuar de la misma forma que su tío Raymond VI. El legado Almeric no aceptó tal proposición, no podía aflojar en el mismo momento de empezar la acción. El ejército cruzado se dirigió hacia la ciudad de Beziers, mientras pequeños pueblos caían rendidos y todos los cátaros que encontraban perecían en las hogueras. El 22 de julio el ejército llegaba a la ciudad, que había sido avisada por el vizconde Trencavel. La orden de los cruzados era entregar a todos los herejes, más una lista de 222 nombres entre los que se encontraban tanto burgueses que abrazaban el Catarismo como algunos herejes reconocidos. La evidente respuesta de la ciudad no se hizo esperar: «Nunca cederemos ante tales proposiciones… preferimos morir cátaros que no vivir como cristianos».

Se empieza a preparar un asedio a conciencia, los cruzados son conscientes de intentar resolver el conflicto antes de la cuarentena y de la importancia que tendría la toma de una ciudad como aquella. De nuevo un error decantaría la guerra hacia el bando cruzado, pues lo que parecía iba a ser un largo asedio, acabó el mismo día 22. Un grupo de gente de la ciudad, llevando a cabo una misión para reconocer el terreno, olvidó cerrar la puerta por la que abandonaron la muralla, y un grupo de ribalds consiguió hacerse con el dominio de la puerta, por la que entró todo el ejército a golpe de espada.

Absolutamente todos los cronistas de la época, fueran del bando que fueran, coinciden en la escalofriante matanza por la toma de Beziers. Tudela nos lo narra de la siguiente manera: «Los sacerdotes se visten con sus ropajes, tocan las campanas como si tocaran a los difuntos (…) no pueden evitar que los ribalds asalten todo cuanto encuentran, incluidas las iglesias. Nada puede protegerlos de la muerte, ni las cruces ni los altares (…) han degollado sacerdotes, mujeres, niños, ancianos, tal vez creo que no sobrevivió nadie. Temo que nunca, ni en tiempo de los árabes, se produjo una matanza tan aterradora». La ciudad contaba con unos 15.000 habitantes, que fueron asesinados. Lo que pudiera parecer un acto totalmente descontrolado, tenía cierto grado de premeditación, pues eso provocó que a partir de entonces todos los pequeños pueblos y castillos feudales se rindieran sin ningún tipo de resistencia.

A principios de agosto la ciudad de Carcassona era asediada. El rey Pere I actuaba de mediador defendiendo a sus vasallos y buscando soluciones al conflicto, pues muchos de los castillos calificados de cátaros eran en realidad de nobles aragoneses y catalanes, ya que en la situación del mapa político del siglo XIII, Aragón y Cataluña extendían sus dominios hasta Tolosa, pasando por todo el Languedoc y llegando hasta la Provenza. Tras largas negociaciones sin éxito, el rey abandona Carcassona.

El vizconde Trencavel, en un intento de evitar la guerra, se desplaza al campamento cruzado, donde es hecho prisionero el 15 de agosto de 1209. Carcassona cae tras varios días de ataques por parte de los cruzados, que logran entrar en la ciudad. Pero quedan estupefactos, todos sus habitantes han desaparecido; según algunos historiadores, huyeron por túneles subterráneos, dejando atrás todas sus pertenencias, excepto aquello que podían cargar. El vizconde fue encerrado en las mazmorras de su propia ciudad, donde murió «oficialmente» de disentería el 10 de noviembre, con tan sólo 24 años. Por otra parte, Simón de Monfort, del bando cruzado, señor de Monfort y conde de Leicester (Inglaterra), es nombrado señor de las tierras que pertenecían al vizconde por haber sido un feroz combatiente. Más tarde encabezó durante 9 años una sangrienta conquista de las tierras Occitanas y acabó siendo llamado por sus vasallos «el verdugo de Occitánia».

En 1210 cae Minerve y se prende la hoguera para 150 herejes, entre Perfectos y Creyentes. Después le tocó el turno al castillo de Termes y al de Cabaret. En 1211, la ciudad de Lavaur, en donde 400 cátaros son quemados. Poco a poco, el territorio del conde Raymond VI es conquistado por el temible Simón de Monfort. Las hogueras contra los «buenos hombres» se encienden por todo el país. La situación general propició la aparición de los faidits, señores desposeídos de sus ducados y condados, nobles que habían perdido sus tierras y que iban de castillo en castillo defendiendo a los nobles que todavía las conservaban. Este hecho provocó un acercamiento de la nobleza hacia los cátaros, creando un estrecho vínculo de unión entre cátaros y faidits, quienes defendían con su propia vida a los herejes como si de nobles se tratara. Los faidits conservaron su fe católica, exceptuando algunos que en el momento en que la fortaleza había sido perdida, pedían recibir el «Consolament» cátaro, para morir con aquellos a los que habían defendido.

Batalla Montsegur
Batalla Montsegur

La conquista completa del Lauragais, de la comarca del Albi, del bajo Quercy y la comarca de Agen, hacen irremediable una guerra en la que intervendría el propio rey Pere I. El 12 de septiembre de 1213, las fuerzas de Simón de Monfort luchan contra un ejército catalano-aragonés y otro occitano, encabezado por Raymond VI y el Conde de Foie. Se enfrentaban por la reconquista de la ciudad de Muret. La superioridad numérica del bando aliado hizo tomar un exceso de confianza a la tropa, y cuando se enfrentaron al ejército cruzado, resultaron derrotados debido a la enorme disciplina guardad por estos. El sonido de la batalla nos lo narran así los cronistas: «…se oía el mismo ruido que si se talaran a la vez todos los árboles de un bosque». Entre tal estruendo, dos caballeros franceses tenían la orden de matar al rey Pere I, pues era la única esperanza de Simón de Monfort para salir victorioso. Cuentan que fue abatido un caballero vestido con la armadura del rey y que ante la facilidad del caballero francés para acabar con su vida, se extrañó exclamado: «Este no puede ser el rey, tiene fama de ser un valeroso guerrero». Entonces el rey, que estaba próximo y lo escuchó, levantó su espada al grito de «¡Aquí tenéis a vuestro rey!», imprudencia que le costó morir aquel 12 de septiembre de 1213, al abalanzársele encima una docena de caballeros franceses.

A partir de aquí, la cruzada no tiene rival, irá cayendo paulatinamente Occitánia entera y con ella el Catarismo, que apoyaba la independencia de Occitánia y fue extirpado de raíz. Los caballeros de uno y otro bando fueron relevados ccuadro_cataros_04on el tiempo por sus descendientes, y nuevos Papas y nobles se unieron a la causa anticátara, hasta que al fin, el 1 de marzo de 1244, se asestó lo que sería el golpe definitivo al Catarismo: cae Montsegur, sede de la iglesia cátara y templo espiritual para los Perfectos. Tras una tregua de quince días, el 16 de marzo, 205 cátaros fueron quemados en una enorme hoguera a los pies de la montaña; entre ellos se encontraban los más altos representantes del Catarismo, la nobleza de la zona y algunos caballeros faidits.
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La guerra duró todavía hasta 1255, año en que es destruida la última resistencia, el castillo de Queribús. En 1271 Occitánia quedó «libre de herejes» y anexada a la corona francesa. De esta manera terminaría el gran sueño de los caballeros occitanos: un país libre de todos sus sentidos, tanto político como religioso. La cruzada, que supuestamente comenzó siendo espiritual, acabó siendo una masacre político-religiosa, con centenares de miles de muertos, exterminando cruelmente aquellos «buenos hombres», que por su forma de pensar y ver el mundo, fueron «purificados» por el fuego de la intolerancia y el acero de la ambición.

Un trovador occitano del siglo XIII cantó: «Cada 700 años, renacerá el laurel». Hoy, que apenas han pasado 750 años de su historia, el eco de aquella profunda espiritualidad atrae todavía poderosamente a investigadores y público en general que se preguntan el motivo de tan salvaje destrucción.

El concepto egipcio de Maat

Maat
Estela familiar de Ankhpahered, primer sacerdote de Bubastis.
Estela familiar de Ankhpahered, primer sacerdote de Bubastis.

945-715 a.C. Bubastis, «Fui un hombre justo de corazón, que no sucumbió a la parcialidad. Alguien cuya existencia fue ponderada, y cuyas palabras fueron comprensibles, un hombre silencioso (sabio) que avanzó por el camino de la rectitud (Ma’at) y que estuvo exento de injusticia. Si hacéis el bien, se hará el bien para vosotros. Provechoso y feliz será para vosotros el porvenir en proporción al bien que hayáis realizado.» (Estatua de Ankh-Pa-Hered)

El concepto de Maat, es un concepto metafísico, es la encarnación de la Justicia Arquetípica, lo bueno y lo justo por naturaleza, representa el orden que surge del caos, la Armonía que rige el Orden del Universo, y a la vez rige la Armonía Social, el equilibrio de las personas, la ética de las personas.

El Maat esta presente tanto en el Universo como en las personas, de ahí que el Faraón ofrenda Maat a los Dioses, él es el encargado de mantener el Maat en el Estado y todo lo que implica, si en el País no existía Ma’at era por culpa del Faraón. A la misma vez el Faraón está obligado ante Ma’at, no está por encima de él, si no integrado en él.

Como dice Henry Frankfort:

«Se trata de un concepto que pertenece tanto a la cosmología como a la ética. Es la justicia en tanto que orden divino de la sociedad, pero también el Orden Divino de la Naturaleza, establecido en tiempos de la creación.»

La representación de Maat era la de una mujer coronada con una pluma en la cabeza, que representa su nombre en jeroglífico.

La teología la hace hija del Sol, Ra, al que nada escapa y además es padre del Faraón.

Es el contrapeso en la balanza que pesa el corazón del difunto.