01 de 10- La Acrópolis - Ahora y antes

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La Acrópolis. Atenas ocupa casi la totalidad de la llanura comprendida entre el golfo de Sarónico y las montañas atenienses. En el centro de esta área mítica surge imponente el lugar donde continúa aún latiendo, después de tantos siglos, el corazón de la ciudad: el promontorio calizo de la Acrópolis. En torno a él, nacieron y se desarrollaron los mitos más antiguos; en él vivió el legendario rey Teseo.

Fortificado con altas murallas desde los tiempos micénicos, aquí se edificó, alrededor del 550 a.C., en tiempos de Pisístrato, el palacio residencial consagrado al culto de los dioses, cuyos restos son todavía visibles en la actualidad. A partir de ese momento, se van añadiendo continuamente gran cantidad de templos y estatuas. Cuando en el año 480 a.C. los persas redujeron en ruinas la roca de la Acrópolis, bastó un breve período de tiempo para que todos los edificios fueran nuevamente reconstruidos. Y esta reconstrucción se convirtió en el símbolo del triunfo de Atenas.

Pericles, bajo cuyo mando estaba la ciudad, se rodeó de los mayores artistas de la época, guiados por el genio supervisor de Fidias. En pocos años, la Acrópolis adquiere el grandioso aspecto que hace de ella una joya única, un símbolo del elegante equilibrio ático y una de las mayores obras maestras del mundo occidental. A los monumentos ya existentes, vinieron a sumarse un nuevo y espléndido templo consagrado a Atenea Virgen, el Partenón, y una imponente entrada, los Propileos.

Más tarde, se construyó el pequeño templo de Atenea Nike y, en el extremo norte del promontorio, se levantó el Erecteion, peculiar edificio que alojó a algunas de las más antiguas deidades.

Durante el último período de la dominación romana, y más aún durante la Edad Media griega, la Acrópolis sirvió a los fines para los que había sido inicialmente construida: se utilizó como fortaleza. Los edificios clásicos fueron circundados con nuevos sistemas defensivos, de tal manera que, si bien por una parte quedaban escondidos a la vista, por otra quedaban también protegidos. A pesar de ello, los mármoles sagrados sufrieron graves y numerosos daños a causa de las luchas entre los conquistadores turcos y los venecianos. A lo largo de las repetidas invasiones muchos de ellos fueron robados. Lo mismo sucedió con una cantidad considerable de estatuas y frisos, los llamados Mármoles de Elgin, que toman su nombre del Lord británico que, a principios del siglo XIX, los substrajo y envio por barco a Londres, ciudad en la que se conservan actualmente.

Tras la emancipación de Grecia del dominio turco, en 1832, los edificios antiguos se purificaron de añadidos posteriores y, después de las sucesivas excavaciones arqueológicas y restauraciones, la Acrópolis tomó su aspecto actual. Recientemente, un nuevo peligro, la contaminación atmosférica, ha hecho necesaria la substitución de algunas esculturas originales con copias.

02- El propileo

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