Filípides cumple su misión pero paga con la vida

Fidípides cumple su misión pero para con la vida

Fidípides cumple su misión pero para con la vida

Maratón 490 a. C. – Atenas esperaba la noticia del desenlace de Maratón. Filípides, el “enlace” del ejército, vivió una auténtica odisea pronunciar cuanto antes la victoria.

Tras la batalla de maratón, el caudillo de los vencedores, Milcíades, sabedor de que Atenas esperaba angustiada noticias de combate, envió mensajero para anunciar la buena nueva. El elegido fue un tal Filípides.

Quizá no se llamaba así. Los historiadores Herodoto y Plutarco, atendiendo a rumores de aquí y allá, sugirieron que podía atender por Tersipo, Eucle o incluso Plutarco. También, según Luciano de Samosata, un erudito del siglo segundo de la era cristiana, podría llamarse Filípides. En cualquier caso, la historia acertado este nombre. Se trata de un imerodromo, esto es, un correo elegido y entrenado por el Estado para transmitir por vía oral o escrita mensajes concernientes a guerras y paces. Una especie oficial de enlace, un militar funcionario de carrera. Habían existido algunos muy famosos. Sobre todo uno, cuyo nombre también por controvertido no viene al caso, que, en el año 668 a. C. durante la 28º Olimpiada, cubrió corriendo 80 km hasta el estadio de Olimpia para anunciar la victoria de las tropas de Ilion(no confundir con Ilión, Troya)sobre las de Dimeon, en lo que constituyó una violación de la sagrada tregua olímpica.

Filípides, como es sabido, explica de fatiga después de exclamar con su último aliento ante el consejo de sabios: “¡alegraos, hemos vencido!”. No se sabe con absoluta certeza la distancia que recorrió, pero por lo menos tuvo que cubrir los 38 km que separan la llanura de maratón del centro de Atenas. Aunque tampoco es inverosímil que hiciera un más kilómetros. Ayer sostienen que Filípides había recogido la distancia más larga, por el interior y no por la costa, para ser interceptado por las patrullas persas. No olvidemos que allí permanecían atracados sus labios, y sus tripulantes no sabían se habían ganado perdido. Filípides podía ir en busca de refuerzos.

Cero se dice que el Heraldo recorrió los 225 km en dos días porque, primero, fue enviado a Esparta para pedir ayuda y que, nada más llegar, Milcíades, victorioso, no requirió de nuevo para que abandonara esa misión ya innecesaria y volará hacia Atenas. El hecho es que Filípides expiró, entre otras razones porque, aparte del cansancio del combate previo de la ansiedad y el estrés por cumplir su cometido, había corrido cargado con todos sus armas y protecciones, un sobre paso decisivo del estallido de su corazón.

Dos preguntas surgen en el acto ante la proeza, un tanto suicida, de aquel soldado ateniense. Primera: ¿por qué no abandonó todo lo que le pesará? Segunda: ¿por qué no tomó un caballo? Si hubiera dejado lo uno y utilizado los otro casi seguro que no habría puesto en peligro su salud y había salvado la vida. Pero de acuerdo con la tradición, era legal y moralmente obligatorio que los enlaces corrieron hacia su destino completamente armados para no parecer “ripsaspidas” o soldados cobardes que abandonan sus armas ante el enemigo.

Además, la apariencia militar era indispensable para gozar de credibilidad ante los ciudadanos y las autoridades. Y, respecto a caballo, a los mensajeros atenienses les está prohibido utilizarlos para llamar la atención del enemigo.

 






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