04 de 10- El Partenón - Ahora y antes

En la actualidad, en la llanura rocosa se yergue colosal e imponente la mole del Partenón, el monumento sagrado por excelencia, considerado ya en la Antigüedad una obra maestra de la arquitectura griega y del equilibrio ático.

Comienza a construirse en el 447 a.C, sobre las ruinas de un viejo templo consagrado a la diosa Atenea que había sido destruido por los persas. El arquitecto del Partenón fue Ictino, pero Fidias supervisó personalmente las obras y realizó las esculturas que lo decoraban. Se inauguró en el 438 a.C., aunque no fue completado hasta el 432.

Se mantuvo prácticamente inalterado hasta el siglo VI d.C. Más tarde, en el 1400 d.C., fue transformado en iglesia cristiana, despúes en mezquita y, por último, en depósito de municiones, conservando, sin embargo, la mayor parte de sus mármoles. El dogo veneciano Morosini en 1687 abrió fuego contra el templo, que sufrió gravísimos daños provocados por los impactos de cañón. En el año 1803, Lord Elgin substrajo numerosos mármoles que llevó a Londres. Cuando los griegos recobraron su independencia, el Partenón y el resto de la Acrópolis fueron despojados de las adiciones medievales turcas. En 1930 se restauró la entera columnata norte. Sin embargo, los trabajos de restauración duran hasta hoy.

El Partenón está completamente construido con mármol pentélico. Sus dimensiones son 69,54×30,87 metros. Se levanta sobre un estilóbato a tres niveles y sus columnas dóricas, ocho en las fachadas menores y diecisiete en los laterales mayores, miden 10,43 metros de altura y tienen una base de 1,905 metros de diámetro. La impresión de absoluta armonía se consigue gracias al genial estudio de las relaciones entre las diversas partes que lo integran y al uso casi imperceptible de las llamadas correcciones ópticas. Así, el estilóbato tiene unos siete centímetros de inclinación (¡en 70 metros!), los tambores centrales de las columnas se engruesan dos tercios de su altura y se inclinan levemente hacia el centro del edificio, las columnas de las esquinas son ligeramente más anchas y están más cerca de la columna de al lado.

Sobre las columnas, los arquitrabes sostienen el frontispicio dórico donde alternan triglifos y delicadas métopas, cuyas escenas fueron elaboradas por Fidias en su taller.

Las métopas del lado occidental representan escenas de la Amazonomaquia, las del lado norte escenas de la guerra de Troya, las del lado sur escenas de la Centauromaquia y las del lado oriental, junto a la entrada principal, escenas de la Gigantomaquia, la lucha entre los dioses y los gigantes. Aunque numerosas métopas se han perdido, algunas pueden verse aún en su lugar originario, mientras otras están en Londres y París.

Los dos lados menores acaban en frontispicios, decorados una vez más con esculturas de Fidias. En el frontispicio occidental, que es visible desde los Propileos, se narra la pugna entre Atenea y Poseidón por el nombre de la ciudad. Entre los dos dioses hay una rama de olivo, el don de la victoriosa Atenea. Actualmente, de este frontispicio se pueden ver sólo pocos rasgos, pero lo conocemos bien gracias a los diseños que se trazaron antes de los cañonazos de Morosini.

El frontispicio oriental representa el momento del nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus mientras los demás dioses del Olimpo observan la escena. Son extraordinarias las estatuas de Dionisio, recostado en el extremo izquierdo, y de Afrodita, sentada indolentemente con un hermoso vestido en el lado opuesto. Ambas estatuas, como la mayor parte de las restantes, se encuentran actualmente en el Museo Británico.

 

 

En los ángulos del frontispicio podemos admirar un magnífico trabajo de Fidias: en el ángulo izquierdo, aparecen las dos poderosas y exuberantes cabezas de los caballos del carro de Helios (el Sol), en el derecho casi desaparece como escondiéndose la cabeza del caballo del carro de Selene (la Luna).

En el interior, en un estrecho corredor que separa las 46 columnas en torno al vestíbulo del muro del templo, podemos ver la que es, probablemente, la obra más famosa de Fidias: un friso longitudinal de 160 metros que circunda la parte superior del templo. Este friso nos hace revivir la emoción de la procesión de las Panateneas, procesión que se celebraba cada cuatro años en el mes de Hecatombeón (15 de julio – 15 de agosto) y duraba doce días. Inicia en el lado noroeste con los jinetes que se preparan en el Cerámico, continúa mostrando en cada lado numerosas escenas de los participantes en las ceremonias, para acabar en la entrada principal del templo con la ofrenda del velo a la diosa.

La mayor parte de estos relieves se hallan asimismo en Londres y sólo se conservan en su lugar originario unas cuantas escenas, como las de la preparación de los jinetes antes del comienzo de la procesión.

La cella tenía seis columnas dóricas en cada lado menor y en su interior se custodiaban las ofrendas de más valor. El lado oriental era el lugar sagrado por excelencia. Medía cien pies áticos de longitud (unos 30 metros) y una doble columnata la dividía en tres amplias naves.

La nave central acababa en tres columnas que sostenían la colosal estatuá de oro y marfil de Atenea Parthenos, de casi 15 metros de altura, obra también de Fidias. El armazón de la estatua era de madera, el cuerpo de marfil y las ropas y los pertrechos militares estaban laminados con oro batido.

La diosa estaba representada de pie, llevando en el pecho la milagrosa égida con la Gorgona y en la cabeza el yelmo ático decorado con esfinges y caballos alados. Con la mano izquierda, la diosa asía una Nike que, a su vez, se levantaba sobre un pilar. Con la mano derecha, sostenía el escudo apoyado en el suelo. La cara interna del escudo estaba decorada con una representación de la Gigantomaquia y con la serpiente tutelar de la Acrópolis, y la cara externa con una batalla de las Amazonas. En esta escena, aparecen entre los griegos que derrotaron a las amazonas, el mismo Fidias, que se representa a sí mismo como un anciano calvo, y Pericles, disfrazado de hoplita, lo que provocó que el genial escultor fuera acusado de sacrilegio.

Incluso las suelas de las enormes sandalias de la diosa estaban decoradas con escenas de la Centauromaquia, mientras que en la base de la estatua se narraba el nacimiento de Pandora representado con figuras de oro aplicadas sobre el mármol.

En el año 426 a.C., la estatua fue trasladada a Constantinopla donde, según una de las versiones, fue destruida por un incendio. Hoy día podemos tener una idea precisa de cómo era gracias a las numerosas descripciones conservadas y a varias copias arcaicas de menores dimensiones.

Entre el Partenón y el Erecteion podemos ver los cimientos, levantados directamente sobre la roca, de otro importante templo destruido por los persas: el de Atenea Polias. Según cálculos astronómicos basados en la orientación del mismo, puede concluirse que fue edificado en el 529 a.C. La decoración de los frisos, hoy en el Museo de la Acrópolis, es del 525 a.C.

03 - El Promontorio

05- El Erecteion

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