El Catarismo y la investigación Histórica

Montsegur cátaros

Montsegur cátaros

A día de hoy, las investigaciones referentes al Catarismo tienden a inclinarse hacia dos ideas que se disputan la razón, la primera, que durante muchos años ha sido la que más peso ha tenido, nos hace referencia a través del maniqueísmo, de una raíz oriental que subyace en esa Religión, la segunda, una nueva idea que la enlazaría directamente con el cristianismo primitivo; a todo esto encontramos cientos de libros que tratan de hondar sus investigaciones sobre un Catarismo dualista, siempre aceptando unas raíces hindúes o gnósticas, esta serie de artículos, lejos de acercarse o alejarse de una idea o de otra, pretenden demostrar que las dos tienen razón y que la esencia o raíz del cristianismo cátaro tomó como modelos otras tradiciones más antiguas, bebiendo de unas y de otras logró difundirlas en un lugar muy concreto y de una forma adecuada para la mentalidad de una época muy especifica, la Europa medieval de los siglos X, XI y XII.

Cruz cátaros

Cruz Occitana mal llamada Cruz de los cátaros

Para acercarnos al inicio de esta creencia, debemos hacer referencia a la etimología de varios términos y aclarar algunos conceptos, que debido a nuestro sistema de pensamiento occidental podrían estar influenciados erróneamente y para ello debemos tomar conciencia de su verdadero sentido para hacer un esfuerzo e intentar penetrar en lo posible dentro de las mentes de los habitantes de esos siglos y lo que significaban tales conceptos para ellos que, como veremos en artículos posteriores, tomaran otro sentido al ir comprendiendo la sociedad en la que vivían, como eran los hombres y mujeres de esos años.
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La primera palabra obligada que hay que hacer referencia es “Religión”, que corresponde a la etimología latina “re-ligare”, volver a ligar, atar, unir de nuevo aquello que se ha des-unido; esta “unión de lo que se ha separado” es la del espíritu humano con el Espíritu Divino, es decir, Dios.

La primera palabra obligada que hay que hacer referencia es “Religión”, que corresponde a la etimología latina “re-ligare”, volver a ligar, atar, unir de nuevo aquello que se ha des-unido; esta “unión de lo que se ha separado” es la del espíritu humano con el Espíritu Divino, es decir, Dios.

Cada cultura ha llamado a Dios de diferente forma, pero la esencia de cualquier Religión de épocas pasadas, presentes o futuras es y será la de “volver a unir al Hombre con Dios”. Esto podría decirse que puede cumplirse mediante dos caminos, la plena dedicación a esta búsqueda mediante lo que son los sacerdocios, o mediante una serie de conductas y pautas, menos estrictas y que son las que generalmente acepta la sociedad o simples creyentes: actúa con bondad, piensa bien y acuérdate de Dios mediante oraciones y rezos.

El sacerdocio por lo contrario, lleva explicito la unión de una ética y una estética, significa entregar tu vida a esa unión, estar inmerso en esa búsqueda, y eso se convierte en un oficio sagrado, un “Sacro oficio”, etimología de donde derivan las palabras sacerdocio, sacerdote y el “sacrificio” que conlleva ese compromiso místico.

El camino a seguir para lograr esa unión varia, es decir, cada Religión desarrolla un método, un sistema en concordancia con el lugar y la época donde aflora, y ese sistema debido a la búsqueda de esa unión con ese ser Divino y único, conlleva implícita una interpretación del Mundo, un método de pensamiento que dirija al hombre al conocimiento de la Verdad y hacia esa Unión mística, eso que implica que uno o más pensadores, filósofos, místicos, etc. han recorrido antes que nadie esa vía que lleva hacia lo divino y que encontrándolo válido para la época y el lugar siente el impulso de transmitirlo, para ello se conjugan dos circunstancias muy claras y que se nos desvela en esta frase tan lógica: “Si hay enseñanza, es que hay un Maestro que la transmite ha alguien dispuesto a aprenderla”, ejemplos de esto son Jesús y sus primeros discípulos, Sidharta Gautama (Buda), Moises, Mahoma…

La transmisión de las enseñanzas Maestro-discípulo conlleva la creación de un orden jerárquico, que uno enseñe y otro aprenda establece una jerarquía, que etimológicamente significa, “escalera sagrada”, es una forma de crear un camino de tránsito, en ambos sentidos, entre dos puntos y que debido a su condición uno está más elevado que el otro; para la religión, esa jerarquía establece que Dios está arriba y los hombres están debajo de la escalera y este último debe subir esos peldaños para poder acercarse cada vez más a la Divinidad. 

todas las empresas, organizaciones, gobiernos y países actuales, están formadas por una jerarquía, una estructura piramidal, que une el punto más alto, con la figura del “líder” a través de unos vértices hasta “la base”, que es representada por la sociedad y, tengan el tipo de gobierno que tengan aceptan plenamente la validez de la etimología “escalera sagrada”.

Quizás los primeros indicios de los que tenemos constancia donde se aplicó este concepto a lo que podríamos llamar una país, estado, o sociedad, son las antiguas civilizaciones de las que tenemos constancia, donde el gobierno del Estado y la Religión tenían un mismo líder, eran lo que conocemos como “Estados o gobiernos iniciáticos”, el ejemplo perfecto de una sociedad iniciática fueron los egipcios y evidencias de ello son las increíbles estructuras piramidales que encontramos repartidas por todo lo largo de su territorio en una eterna alusión en piedra a este significado sagrado y ahora debemos recordar que nuestras sociedades actuales y todas las estructuras sociales que las forman, aunque actualmente existe una ruptura entre Estado y Religión, todas las empresas, organizaciones, gobiernos y países actuales, están formadas por una jerarquía, una estructura piramidal, que une el punto más alto, con la figura del “líder” a través de unos vértices hasta “la base”, que es representada por la sociedad y, tengan el tipo de gobierno que tengan aceptan plenamente la validez de la etimología “escalera sagrada” como la única viable para poder vivir en una sociedad en armonía, por el simple hecho que es esa la forma en que el hombre a observado que la Naturaleza se manifiesta a nuestro alrededor, hasta ahí todas aceptan la jerarquía como único método valido para el desarrollo y convivencia del ser humano pero, según las condiciones que se den, el lugar, la época, el tipo de gobierno que exista, la visión de lo que debe ser la “Armonía con nuestro entorno” varía y el mundo es observado de una forma u de otra, el método religioso que se establece, si es que se establece alguno, tiene la misma esencia que todos los demás métodos, la unión mística con ese ser divino, pero donde el ser humano encuentra su gran enemigo, no es en la Religión donde muchos pretender culparla de muchos de los desastres que han ocurrido en el mundo, no se puede culpar a la religión, pues es un concepto que únicamente nos establece un fin, sino a la interpretación que el hombre hace de ella y la forma en que la aplica a la sociedad, la esencia de la religión no se cree superior a nadie ni a nada, es el ser humano quien se cree capaz, en nombre de su Religión de pretender erradicar otras creencias, convirtiéndonos así en los verdaderos causante de todo lo que acontece.

Como ha sucedido constantemente en la historia, en los momentos de mayor libertad social y en los lugares donde distintas naciones y credos del mundo se unen por cualquier motivo, ya sea por el comercio, el saber, la ciencia, el arte, la política etc. el paso del tiempo se encarga de hacer surgir nuevas ideas o cuestiones reformadoras que ponen en crisis la autoridad gobernante o religiosa del momento, el intercambio de conocimiento entre culturas y sociedades trae consigo nuevos hábitos y conductas sociales, “lo extraño deja de serlo si se conoce”, la convivencia entre culturas conlleva a una forzada comparación de comportamientos y de creencias, surge un acercamiento sino más, hacia aquello que hasta el momento era desconocido y que modifica parcialmente las sociedades implicadas como bien podemos comprobar en nuestra sociedad actual del siglo XXI con todas las filosofías y religiones orientales que llegan a nuestras ciudades impulsados por un interesado intercambio comercial, encontramos a millones de occidentales practicando “espiritualidad” en distintos cursos de yoga, centros budistas, cursos de Feng-Shui… en nuestras ciudades tenemos un fenómeno reciente como son las mezquitas que utilizan los musulmanes, en nuestras librerías tenemos cientos de libros de consulta referentes a todas las tradiciones, filosofías y religiones del mundo, etc. Comparando la historia encontramos momentos similares al actual, si no son iguales en su forma si se acercan en su esencia, ejemplos de esto los tenemos en la reformada sociedad egipcia de la época Alejandrina , en el “Renacimiento florentino” o como podremos comprobar, la sociedad Occitana de los s XI, XII y XII, movimientos todos ellos abortados por la Iglesia de Roma en un intento de continuar con su supremacía sobre todas las instituciones o creencias de Occidente y que utilizó todos los medios a su alcance para combatirlos, tanto divinos como humanos.

Entrados en el s.XXI, en plena era de la información y la comunicación, poco puede hacer la Iglesia de Roma y el poder de “La Congregación para la Doctrina de la Fe”, institución que originalmente fue llamada “Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición” o más conocida como “La Santa Inquisición”, creada para “defender a la Iglesia de las herejías”; para impedir la difusión e implantación de las distintas creencias, filosofías y religiones que llegan a Occidente. Amparándose en el único evangelio de Juan que la Iglesia considera verdadero, sigue considerándolas a todas ellas como falsas, erróneas o simplemente no validas por los nuevos sucesores de la Inquisición, que bajo un nuevo nombre están encargados (sin las formas drásticas que utilizaba su antecesora) de “difundir la sólida doctrina y defender aquellos puntos de la tradición cristiana que parecen estar en peligro, como consecuencia de doctrinas nuevas no aceptables”.

La mirada del historiador/investigador debe ser neutral, no debe emplearse para santificar, para martificar a las victimas o escandalizarse por las atrocidades del pasado, sino para intentar establecer un nexo de unión entre el pasado y el presente.

Hoy en día, en el terreno del Catarismo, la investigación puede apoyarse sobre una cantidad y calidad de materiales muy superiores a los que se disponía hasta la mitad del siglo pasado, hasta entonces no se hacía más que repetir lo dicho por los vencedores. Los descubrimientos de los únicos documentos de origen auténticamente cátaros (dos tratados y tres rituales) y la atención que se le presta al estudio de los lugares donde vivieron, nos dan una nueva orientación sobre esta visión del cristianismo. La mirada del historiador/investigador debe ser neutral, no debe emplearse para santificar, para martificar a las victimas o escandalizarse por las atrocidades del pasado, sino para intentar establecer un nexo de unión entre el pasado y el presente, entre ellos y nosotros, para poder ir acercándonos más a la Verdad, conocer quienes eran, como pensaban, como vivían y por que lo hacían de un modo y no de otro. ¿Por qué?, se preguntaran muchos, pues por que como dice la sabiduría popular “quienes no aprendan de los errores cometidos en el pasado están condenados a repetirlos en un futuro”.

Uno de los hechos que nos sorprende más cuando se habla de los Cátaros, es al conocer, que aquella gente, acusados a miles de herejía por la Iglesia de Roma y sentenciados a muerte por su forma de pensar, entraban por su propio pie y cantando a las hogueras que les habrían de purificar. Hay que estar loco o, firmemente convencido y entregado a un Ideal, para preferir la muerte antes que seguir viviendo, esto sin embargo, no nos dice nada en cuanto al Ideal, pues la historia nos ha demostrado que, el hecho de luchar o morir por una Ideal no significa nada en cuanto a la razón, causa o verdad que pueda encerrar, ese juicio sólo puede establecerlo el tiempo, pero en cambio y aun con la lejanía histórica que ello supone, si podemos esbozar o intentar definir la personalidad de la sociedad o de la gente que fueron capaces de dar su vida por defender unas ideas que vivían según ellas y consideran acertadas.

Pero un Ideal no es nada sin un idealista, no existe sin espíritu de entrega y sacrificio de las personas que creen en él, sería como una semilla que cae en tierra estéril y nunca da su fruto; lo que hace grande y posible un Ideal son las personas, el Amor que se siente por esas ideas, la dedicación por la construcción de algo que se cree que es positivo, el esfuerzo y las horas dedicadas a él es lo que lo hacen propio, el convencimiento de poder cambiar las cosas que no nos gustan, la constante y plena dedicación del individuo, el altruismo suficiente como para no esperar el fruto, saber que lo que se hace no es en beneficio propio sino, como un bien común para los que están o para los que vendrán, eso es lo único que va hacer realidad un Ideal.

Nuestros países y sociedades, con sus cosas buenas y sus cosas malas, son como son por que nosotros los hemos hecho así, y no hay agradecer o culpar a nadie ni a nada excepto a nosotros mismos, podrían ser mejor, más justas, más honradas, seguramente si, podrían serlo pero, es con nuestro esfuerzo o con nuestro pasotismo, con nuestro conocimiento o con nuestra ignorancia que las creamos, únicamente se debe a nosotros, las sociedades no están hechas, nosotros las hacemos como son.

Los primeros impulsores de lo que hoy en día conocemos como Catarismo conocían esto y quisieron modelar con plena consciencia la sociedad de su tiempo, difundieron sus enseñanzas a los demás, se pusieron a predicar de forma abierta por todo un territorio, no sólo de palabra o de forma teológica, sino con el ejemplo, con hechos, con intención de demostrar que aquello en lo que creían era realmente bueno, para el presente y para un futuro, acercándose a las personas que viven las realidades cotidianas.

La Iglesia de Roma y los 56 Papas comprendidos en los tres siglos que tardaron en concluir de forma violenta la herejía cátara, se encargaron de que la visión histórica que debía prevalecer y que se debería tener sobre la religión y filosofía del Catarismo fuera únicamente la que escribían los autores pertenecientes al bando vencedor, especialmente por los teólogos católicos de Roma, siempre basándose en los documentos inquisitoriales de los juicios contrarios a ellos, como las sumas teológicas que los dominicos del siglo XIII habían redactado para erradicar aquella “peste” que se extendía sin tregua por tierras Occitanas.

El papel que durante los siglos XI, XII y XIII representaban los cátaros, era el que ocupaba la Iglesia de Roma en los primeros tres siglos del cristianismo, quienes también recibieron persecución y horribles muertes por predicar sus creencias, pero si tenemos en cuenta los hechos que se tratan a continuación, la Iglesia de Roma no aprendió del pasado y repitió los mismos errores cometidos, paso de victima a juez y verdugo.

Actualmente la historia, después de más de 750 años, nos permite devolverles a su verdadero contexto dentro de la cultura cristiana de la Edad Media, para así poder conocer las experiencias vitales y religiosas de los “bons homes”, los Perfectos, los creyentes y sus familias, en realidad un pueblo de creencias cristianas bastante normal.

La investigación histórica, tras una revisión, despoja la silueta de esta herejía medieval del ropaje de la mentira y los extraños mitos que la cubrían y deformaban, le devuelve su idea reformista en el seno de un cristianismo medieval en decadencia.

Conocidos como Albigenses, Apóstoles de Satán o pobres de Cristo, los Cátaros o como ellos preferían llamarse “verdaderos cristianos”, nos legaron un testimonio inquebrantable de la fe que tenían en sus creencias, y esta fe nos obliga a mostrar todo nuestro respeto para poder encontrarles su verdadero lugar en la historia.






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