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Altamira: Banderas será Sanz de Sautuola

Altamira-pelicula-banderas-01«Altamira», la película se estrena el 1 de abril de 2016 y Antonio Banderas interpreta a Marcelino Sanz de Sautuola – descubridor de la cueva de Altamira en el año 1879-  quien acompañado de María, su hija, hizo uno de los hallazgos más importantes de la arqueología mundial aunque no vivió para ser reconocido por ello, hoy se considerada la Capilla Sixtina del arte rupestre que fue habitada hasta hace 13.000 años, cuando quedó sellada por un derrumbe.

Su familia ha puesto en marcha un triple proyecto, explicar en un documental el valor científico y artístico del hallazgo,  proporcionar a la gente la posibilidad de hacer una visita virtual a este templo del arte rupestre y una película que servirá para reivindicar al descubridor de las cuevas de Altamira y que será interpretado por el actor español Antonio Banderas con el papel de Marcelino Sanz de Sautuola, será dirijida por Hugh Hudson, el nuevo director de Carros de fuego, será musicada por Mark Knopfler, y contará con la fotografía de José Luis Alcaine.

Lucrecia Botín, la representante familiar, cuenta que desde la infancia,  su abuelo Emilio, su padre (Jaime) y su tío Emilio, le hablaban de Marcelino y María, su tatarabuelo y su bisabuela, descubridores de la cueva de Altamira. Las cercanías de la cueva, a escasos 1000 metros de la casa familar de Puente San Miguel se convirtió en un lugar para ir a jugar con las bicicletas.

Fue María, hija de Marcelino, quien con solo 9 años contempló por primera vez los impresionantes bisontes que llevan 30.000 años pintados en la piedra, quien tras lo años, se encargó de transmitir a sus descendientes el impacto emocional que supuso el hallazgoy conseguir de esta forma que la memoria de su padre no se perdiera, un hombre ilustrado, amante de la botánica y la ciencia, políglota, estudioso de la entonces incipiente arqueología.

Tal es el reconocimiento familiar que al ver que María, hija única de Marcelino, los Botín-Sanz de Sautuola unieron el apellido para que no se perdiera y lograr mantener viva su memoria e incluso alguna de sus aficiones como su nieto Emilio que traía de países exóticos, semillas, plantas y tocones en las sombrereras de su mujer.

Es tal la devoción de Lucrecia Botín por su antepasado que habla con gran entusiasmo de su tatarabuelo y lo que representa Altamira para ella:

«La película era una apuesta arriesgada y necesitaba el apoyo de mi familia y lo tuve desde el principio. Mi tío Emilio y mi padre me ayudaron muchísimo. Nosotros no buscamos protagonismo ninguno; por eso, no nos gusta salir en los medios de comunicación. Pero toda la familia hemos admirado desde siempre a este hombre culto y emprendedor que nos ha transmitido las ganas de saber y el amor por la botánica, entre otras cosas. Hace años que quería contar en una película que estuviera bien hecha la historia y el drama que supuso para él el descubrimiento de la cueva de Altamira. Entré en las cuevas muchas veces de pequeña. Es algo sobrecogedor. Se cerraron, se hizo la reproducción, que es estupenda, pero me quedé con la obsesión de que la gente pudiera ver las cuevas de verdad. La cueva ha cambiado mucho desde que yo era pequeña. Mi padre cuenta que cuando él iba a jugar allí de pequeño, que iba en bicicleta, estaban mojadas, parecía que la pintura estaba fresca. Una vez que se ha abierto la cueva, es inevitable el deterioro de los pigmentos y se va secando el ambiente. A mí me gustaría que la gente pudiera bajarse una película de Internet y así poder entrar en la Sala de los Polícromos».

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Altamira y el legado de Marcelino

Repartido entre la Fundación Botín y el Museo Nacional de Altamira, todos los hallazgos de Sanz de Sautuola entre los que se encuentran huesos, sílex y algunas otras piezas junto a todos sus escritos forman parte del Patrimonio de la Humanidad y fueron donados por la familia quien conserva muy pocos objetos a nivel privado.

Lucrecia nos cuenta que  Sanz de Sautuola:  «fue un hombre culto con una curiosidad intelectual impresionante. Era abogado de profesión y su afición eran las ciencias. Era un caballero del siglo XIX, pertenecía a una clase acomodada. Como Darwin o Julio Verne, era gente que no tenía que ganarse la vida y podía dedicarse a sus pasiones. Lo que se le daba bien a mi tatarabuelo era la ciencia: era miembro de la Real Academia de la Historia, hablaba muy bien francés, había leído a Émile Cartailhac y a Darwin. Le fascinaba el estudio de la Prehistoria, que era una ciencia muy incipiente. Se fue a la Exposición Universal de París de 1879 y se trajo las técnicas para datar e identificar objetos. En cuanto llegó a Santander se puso a excavar, que era lo que le divertía. Que él descubriera la cueva de Altamira no es una casualidad. Lo increíble, lo mágico, es que la encontró casi en la puerta de su casa».

Cuando habla de María, una niña de tan solo 9 años dice que : «Era una niña valiente y la única que cabía en la Sala de los Polícromos, que entonces tenía poco más de un metro de altura, por eso fue la primera en ver las pinturas».

Rechazado por la comunidad científica y la iglesia

El hallazgo de Sanz de Sautuola recibió el ataque de casi todos, incluida la Iglesia con un rechazo frontal:

«Imagina España en el siglo XIX. Viene un señor y dice que estas cuevas fueron pintadas antes de Adán y Eva, ¿cómo se interpreta eso? Pues mal. Lo llamaron ‘hereje’, ‘mentiroso’. Lo atacó todo el mundo. Los científicos -aunque hubieran leído a Darwin- lo que pensaban es que él contradecía la evolución. No le creyó nadie: unos pensaban que estaba negando la evolución, otros que era un hereje. Su drama es que intentó por todos los medios que le hicieran caso, y los científicos fueron indiferentes y no vinieron a ver su descubrimiento. Aceptaron sus estudios paleolíticos porque estaban muy bien hechos, pero le culparon de haber falsificado las cuevas, de haberlas pintado él. Lo llamaron ‘mentiroso’. Era todo menos eso, era un hombre con un pensamiento adelantado a su tiempo. Se murió sin que Cartailhac viniera a ver la cueva. Ese es el drama. Su hija nunca regresó a la cueva cuando él murió. Era un tema que había hecho mucho daño a su padre. Mi abuelo Emilio contaba cómo había sufrido su madre porque nadie creyó a su padre«

Los científicos de la época consideraban improbable que el hombre prehistórico fuera capaz de crear semejantes pinturas. Por aquel tiempo solo recibió el apoyo del paleontólogo Juan de Vilanova.

Altamira-pelicula-banderas-02 Lucrecia nos enseña una reproducción de los Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, escrito por su tatarabuelo en 1880. «Escribe estas páginas para registrar lo que había encontrado y que los científicos pudieran apreciarlo», explica Lucrecia.

Émile Cartailhac visitó Altamira cuando Sanz de Sautuola ya había muerto. El francés quiso devolver el prestigio arrebatado a Sautuola y se disculpó en su escrito Mea culpa de un escéptico. Llegó el reconocimiento internacional y se conoció la valía de Altamira, pero no se ha contado bien la historia de su descubridor.

«En España tenemos gente increíble, pero no se conocen bien sus historias; es algo que no pasa en cualquier otro país de Europa. En mi familia somos gente curiosa, inquieta, hemos estudiado cosas diferentes, pero todos tenemos un amor por la botánica que obviamente viene de mi tatarabuelo. Mi padre, que es banquero porque le ha tocado serlo, es un hombre que siempre nos ha empujado a saber más. Ese espíritu viene de Sautuola, que era un hombre especial, con inquietudes, sin fronteras, sin prejuicios. Es un lujo tener este antepasado», dice Lucrecia.

La reina Victoria Eugenia visitó Altamira. También lo hizo Alfonso XIII. La cueva se abrió al público en 1917 y se cerró en 2002 para preservarla del deterioro. Se puede visitar una réplica.






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